Charter para el señor que quiere cocina española III-el fortunio de la desidia-


A veces pasa que uno se molesta en preparar platos interesantes y relativamente complejos cuyo resultado es decepcionante o pasa desapercibido para el comensal. Otras veces lo curioso es ver como las prisas, los despistes, suertes o casualidades llevan a resultados fantásticos.
A eso de las 5 o 6 de la tarde, cuando normalmente termino el servicio me fumo un cigarrillo al sol; limpio y empiezo a preparar el postre del día siguiente. Este día, especialmente desalentado, sin ganas de cavilaciones, cogí ese ya mugriento folio tan molesto siempre entre las hojas de cualquier cuaderno, y lo reproducí en forma de tarta de queso. Este folio escrito a mano era la receta que una compañera de trabajo hizo para una estupefacta y maravillada Paulina -siempre sensible a lo goloso- y ésta a su vez me hizo llegar para que yo fuese poseedor de tan preciada fórmula.
La tan preciada fórmula es una tarta de los más común, hecha con Philadelphia, algún huevo, yogur y maicena. Sencilla y resultona. Así que ese día me fui a cama tranquilo de nuevo porque ya tenía "postre español para mañana". Tan tranquilo que cometí el mismo error de otras muchas veces, encontrarme con el plato principal saliendo de la cocina y ninguna guarnición preparada para el postre. Solución de siempre: frutos rojos Bourion congelados en la olla con azúcar. Hervir, servir y vivir, hojita de menta y situación salvada.
Lo curioso es que la situación no sólo fue salvada, sino que el resultado fue ovacionado y laureado, quiero decir que el señor que quiere comida española dijo: "me gustado el postre", y soltó media sonrisa.
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