Charter para el señor que quiere cocina española IV -la paella maldita-


El charter para este señor duró varias semanas, de las cuales, no muchos días estuvo a bordo, con lo que ello conlleva. Mucha comida acabó en la basura, y esto me lleva ha hablar del infortunio de las paellas; y van tres: tenía el mejor arroz, el fondo, el pescado y el marisco, todo fresco, todo muy bueno, todo listo para actuar, motivación a tope, concentrado a niveles zen, entusiasmado... pasaron horas y días y no hubo paella.
Por orgullo, por amor, por despecho, el siguiente fin de semana lo mismo: mise-an-place y delantal limpio, brincaban inocentes las cigalas en le frigorífico, el caldo reposaba en la olla, las almejas tensaban sus escudos y los percebes, de teloneros, sabiendo que iban a morir, saludaban.
Pero no hubo batalla tal, y este rey , que aquí escribe, sanguinario y lleno de cólera, sacrificó los percebes inocentes y leales, pobres ellos, que no capaces fuimos de comernos todo.
Batalla no hubo, o sea, que el señor que quiere cocina española no vino, y ante tal maldición me resigné y guardé la estrategia para la próxima llegada de los propietarios del barco, ellos sí garantizarían la sangría. (que como ya se verá, tampoco)
Puestos a ser sinceros, ni los percebes ni las cigalas eran frescos; las gambas congeladas porque las de Ibiza van 80€ el kilo; las almejas gallegas pero no babosas; el caldo Aneto; y el arroz de calasparra para el arroz con leche, virgen santa.
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