Víctima de mi mismo.

Esta es la segunda semana de clases, la primera sirvió de introducción y en ésta ya estamos distribuidos por sectores, mi grupo es de restaurante -lo más divertido- y mi partida la de entrantes fríos que consta de tres platos: Ensalada de mariscos; Terrina de tomate con pulpo y pesto; y Timbal de foie con manzana y pan de especies. Somos tres: uno de primero, otro de segundo y yo de postgrado. Tres platos y seis manos, un montón de espacio y tiempo, casi nada... Cacharros hay pocos y para conseguir algo hay que andar medio edificio (pero esto tampoco es malo, así uno se organiza para hacer los menos viajes posibles -no siendo mi caso, de momento-)
El primer día -ayer- me propusieron hacer un plato cada uno, y aunque no es el modo lógico de funcionar una partida, acepté porque anteriormente el profesor nos había pedido que distribuyésemos el trabajo de manera que todos tomásemos responsabilidades, lo cual está bien pero dentro de un orden, y un plato es un plato y yo el responsable, asunto en el que me insistió el profesor de la tarde. No me voy a autoflagelar describiendo el discreto servicio que dimos, y tampoco me voy a autoescusar con asuntos ajenos o miserias propias.
Hoy todo ha salido mejor: sin retrasos y decoraciones aceptables, pasando todos los platos por mi mano y visto bueno, intentando escuchar, explicar y justificar a mis compañeros de partida cada decisión referente a los platos, y conseguir que participen para alimentar su ego y autoconfianza; pero sin pasarse, que yo tampoco voy sobrado.
Víctima de mi mismo, ese asuntillo que no ha transcendido para nadie, pero sí para mi, y es que hay puntos débiles que hay que fortalecer, y el mío es el ser despistado: no se me va la olla continuamente, pero a veces se me va, y bien.
Algún profesor de la cocina de producción entró en la nuestra -que es de restaurante, repito- para informar a su compañero que había un atún abandonado en la envasadora de vacío, y éste a su vez me lo hizo saber a mí, responsable del mismo, y yendo yo un poco apurado me apresuré a maldecir -para mi mismo- a mi compañero. Fui a la envasadora y guardé el pescado como correspondía, me acompañó nuestro profesor, que me preguntó si había ordenado esa tarea a alguno de mi equipo, de lo cual me alegré -también para mis adentros, pero sólo un poquito y con su correspondiente castigo que ya se verá-, así que contesté honesto e inexpresivo que sí. Volvimos a la partida y me dirigí casi enfadado a mi compañero reprochándole el haber dejado un atún a temperatura ambiente durante casi una hora en la envasadora, y él, ofendido me dijo que no había sido. Cómo que no?... y entonces vi la islita en mi puta laguna mental, me cagé en la puta sin otro remedio que pedirle disculpas y acudir inmediatamente al profesor para comunicarle que se me había ido la olla, y que yo había dejado el pescado allí.

El trabajo es -especialmente en una cocina grande- logística, y haciendo uso de ella podemos extender la cadena de trabajo más allá de nuestras posibilidades y crear problemas o tendernos una trampa, que es lo que yo me hice.
Salir a envasar el atún con una bandeja que utilizaré para subir hierbas y el genjibre en polvo- envasado de casi un minuto-dejar jengibre en polvo en el economato-bajar a la cámara coger hierbas-subir y poner las hierbas en remojo- guardar el atún y etiquetar- coger gastonom para asar tomatitos-y vuelta a mi partida...
Se me olvidó el atún porque era una preelaboración que no necesitaba para el servicio de hoy, no entraba en la cadena de tareas y yo decidí meterlo sin la independencia que necesita y la cagué, vale que así se aprende, pero me duele culpar a alguien de lo que yo soy responsable porque eso es muy patético, y yo no lo soy.
Tiene algo de noble pedir disculpas al afectado, pero informar al profesor de mi responsabilidad, tiene tanto de noble como de gilipollas, tampoco era tan necesario, no?, que a veces hay que ser un poco cabroncete o bien cabrón. Pero patético no, por favor.
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