El cocinero que cocina.

Esta semana tenía que ser un poco más tranquila, y así fue. Un surtido de clases teóricas; algo de turrón, después despieze y actividades casi extraescolares. De estas, que fueron visitas, voy a escribir, porque una o dos fueron a cocinas de colectividades o producción de comida de cuarta o quinta gama. Y ante tanta conjunción disyuntiva poco se puede esperar..., que quiero decir que no voy a descubrir nada nuevo, que no voy a dar la definición definitiva de cocina, ni voy siquiera a mencionar al alfarero de Saramago. No voy a protestar contra informes que avalan la productividad y el lucro. No diré nada que se escape a mi conocimiento, aunque sea tentador, pero eso sí: reivindico, con cierto resquemor y casi miedo, la condición de cocinero: el que con ternura, inmoviliza al bogavante para trozearlo con precisión y lanzarlo a la olla bien caliente; al cocinero que se quema, se corta, se "caga en dios" y sonríe; al que no es besado porque huele a fritura y al que tira la basura para fumarse un cigarrillo; al cocinero siempre en celo y a la cocinera que lo sufre y sufre esta profesión machista; también reivindico al cocinero que se le ha cortado una holandesa dos veces ya , pero que horas después, feliz, lleno de orgullo o vete tú a saber qué, arranca un brote de basilisco que culminará una hermosa vianda que ve salir hacia un comensal imaginado y glotón, que la verá, olerá, y destrozará con su dentamenta, para después degustarla, tragarla y amén. Más tarde - y dios mediante- pagará con gusto su cuenta, dejando unas generosas propinillas que serán como fueron y son, motivo de la eterna discusión entre cocina y sala.
Reivindico al cocinero que cocina, el que me gustaría ser.

1 comentario:

pfgarea dijo...

Oskar P. Crespo a las 18:05, el 09 de enero
(facebook)
es una pena que no nos dejen ser cocineros....

me encanta el txto

;)

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