Big Mac y durum kebab, la fiesta de regreso. Polonia VIII

"Viajar barato, a veces, sale caro, son las 03:23 de la mañana y estoy en el aeropuerto de Katowice, que casi es Cracovia, pero ni si quiera es Katovice porque está a más de 30 km de esta ciudad en el medio de la nada. Ha sido muy interesante

llegar hasta aquí."

En Wrosław cogimos un tren donde ya tuve alguna rencilla con un generoso joven presto y dispuesto a subirle las maletas a las chicas, a pesar de lo cual el golfillo se llevó 2 zl, mamón. Luego, cómodos en la cabina, ya en marcha, se presentó un pobre hombre castigado por la cerveza y el mal olor, que nos acompañó las casi tres horas de viaje siendo ligeramente vejado por los revisores "donjuanescos" que le expedieron un billete a crédito; y qué decir de la estación de Katowice: "Blade Runner" con olor a orines, información inexistente, unas pegatinas casi limpias que nos guían a ningún sitio, la señora que fuma detrás del mostrador, el autobús que no aparece, taxi a 200zl?!, caminatas, frío y Camel; a uno que pregunto en mi irrisorio polaco, va y me habla en español fluido..., autobús a las 02:00, el nuestro habría de ser a las 00:35, buscar un sitio cálido y encontrarse a dos señoras regentando semejante espacio y reprochando la actitud de dos circunspectos joviales y podridos: el uno punkarra y el otro neonazi, manda huevos...

Que total..., cogimos un taxi con el marinero que se va a casar a bordo de su lugar de trabajo y al llegar no quise mirar cuando faltaba dinero y se solventó con churras, merinas, zlotys y euros. El aeropuerto es agradable pero hacía mucho frío, y de esta guisa -véase la foto- aguantamos hasta que abrieron los check-in, donde intercambiaron nombres y apellidos sin mucha desgracia en principio: un Sawczuk a secas frente a un Sawczuk de Fraga no habría de ser motivo de verbena..., pero hay madre la que casi se lía en el control de pasajeros..., pudo el sentido común al final y casi desnudos cruzamos el detector de metales. Qué tontería la sensación de alivio cuando cruzas y no ha sonado..., sin embargo, esta vez el guarda me cacheó, me miró el mechero, la factura del hotel, el clinex sucio y me siguió tocando..., me hizo pasar otra vez y finalmente me dejó seguir. Pero en fin, ya lo dicen los muchos carteles que hay en el aeropuerto: "Celnicy widzą więcej"(Los guardas de seguridad ven más allá).

Llegamos a Frankfourt-Hahn sin novedad, con ocho horas por delante, y como la cena fue escasa: un Big Mac;, y el desayuno correcto, me tuve que comer un fantástico durum kebab...

Vaya una manera de clausurar un magnífico viaje a Polonia...

2 comentarios:

Simón Moreno dijo...

Muy buena idea la de pasar las vacaciones por Polonia. Soy Simón, de segundo de cocina, "el del blog". Muy interesante tu blog, de veras tío. Un saludo.

pfgarea dijo...

...jeje, más que idea...circunstancias familiares, gracias, me alegra mucho que te guste el blog. Nos vemos.

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