Dimes, diretes y danzas.

Dice que desde la ventana de su hotel se ve la Acrópolis; que es muy bonita y que allí, la gente es muy simpática, que los perros abandonados o no, campan a sus anchas por la ciudad al ritmo de la danza de Zorba el Griego. Dice que le hecha de menos.
   Y el gandul vocacional, que apenas sabe cómo dormir sin la mariposa pegada a su mejilla, da tumbos por las cunetas buscando su propia mirada perdida; lanza silenciosas proclamas y no entiende que esto es insalubre, que todo llegará e nunca choveu que non escampara -parviño-.        
    Dice él que no, que ni danzas griegas ni hostias en vinagre, que él a lo suyo, que le pide el cuerpo callos con garbanzos y la voz rasgada de Chavela  con aquello de me muero por tenerte junto a mí, cerca muy cerca de mí; no separarme de ti, y es que eres mi existencia mi sentir; eres mi luna, eres mi sol, eres mi noche de amor. 
     Pero aquí manda quien escribe, y al que escribe le hace gracia eso de los perros danzando por la vetusta ciudad, y quiere imaginárselos acompañando el espíritu de esa pedazo mujer que era egípcia o italiana, pero enorme, rubiaza, poderosa!!, ...y a lo lejos, desde la ventana de algún hotel confortable, lo observa sin saber, la que dice que me hecha de menos: rubiaza y poderosa. -Kocham cię-



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