Eboca: despedida sin función o la tristeza de unas mesas vacías.

Hacer un 0 en domingo a mediodía es reflejo de lo sangrante de la situación en la que está este restaurante, que comenzó conmigo y conmigo se va. Hace cosa de un año que me llamaba Julio porque era inminente la inauguración del local y no se le había presentado el que había apalabrado de segundo, yo todavía no comenzaba en el Vogue, así que me fueron muy bien estas dos semanas en Eboca. Ahora estoy más o menos en la misma situación y venía a substituir a Pedro durante sus vacaciones, aunque me sorprendió esta súbita transformación.
Titulaba uno de los últimos posts "Eboca, que no bocazas", porque decía sin decir que me despedía de este restaurante para siempre, y no porque yo lo deje - que también- sino porque cambiará radicalmente a partir de esta semana que entra, dejando atrás lo que como restaurante suponía y describía en el post citado. Será de la mano de Emilio Castrejón con un concepto de cocina fusión; desconozco qué línea va seguir, pero espero que sea el revulsivo que todos esperan.
Es muy triste que no funcione un restaurante, especialmente cuando detrás hay un estudio previo, márketing adecuado, y una idea bien definida y honesta. Es triste ver mesas vacías, montadas, dispuestas y prestas para el disfrute del que la elija; es triste el silencio de una cocina en suspensión, con su personal pululando casi con aturdimiento y desidia.
Es triste y es un negocio.
Cero en domingo, Agus resacoso no ha mojado y andaba por ahí a vueltas lamentando los cubatillas de garrafón recién descubiertos para Enso que no iba mejor, Ana siempre correcta y expectante y quien escribe sucumbió a su conciencia haciendo el uso de estropajos y balletas que no había hecho hasta la fecha. Se acabó.
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