Eboca, que no bocazas.

Allá va una semana de curro e el Eboca, y otra que queda. Ahora tengo un hueco y tenía ganas de comentar un poco sobre el restaurante, especialmente hoy y ahora, en un momento que la caducidad de lo que será escrito es inminente.
El concepto de Eboca viene dado por uno de sus propietarios: Julio Garmendia, y busca la correspondencia entre el producto del norte de la península: cecina del Bierzo, anchoas San Filippo, bacalao,... , con la isla de Mallorca: sobrasada, aceite de Sóller, porcella, ... Las tostas que ofrece, de hecho, juegan entre el concepto vasco de pintxo y el pamboli mallorquín. Busca, en general, maridajes originales, sencillos e impecables, perfecto ejemplo es la tosta de calabaza pochada, aceituna negra y boquerón.
Los platos principales se definen en las palabras que me dirijía Julio uno de mis primeros días: "...bueno Pedro, tú sabes como van aquí las cosas, la decoración es muy sencilla, pero recuerda: el punto, el punto, el punto, y el punto. Es lo más importante, recuerda..." Eso es, una buena costra en esa porcella cocinada al vacío con su romero y su ajito; un buen cachote de bacalao confitado en aceite de oliva a 80ºC; unas carrilleras bien melosas con puré de patata, un novedoso arroz de bacalo y pilpil, y esas cositas que hacen especial y noble una comida.
Los postres también responden a reinterpretaciones de clásicos y sabores conocidos: espectacular el pan con chocolate, sal y aceite; un gató también muy logrado y un original cremoso de ensaimada; los helados son de Sóller.
Lo hecharé de menos.
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