Lecturas y temores.

La inercia de la tensión e inquietud suscitada durante el curso del STCW95, mantuvo en mi, durante el fin de semana, cierto nerviosismo e incomodidad. Tenso, huraño y arisco me enclaustré en casa alternando la revisión de mi CV con la recolección de documentos para la declaración de la renta que ahora en unos minutos me espera en Parc de Sa Riera, revisando recetas, buscando piso y curioseando en internet, leyendo blogs, prensa y facebooks; cocinando también y planchando durante el Carrusel Deportivo. Pero sobre todo, lo que me sosiega, no es si no la perfecta herramienta de yuxtaposición de los momentos diarios: la lectura. La lectura voraz que me distrae de preocupaciones y me ilustra, libros adecuados para estos días (como antaño fueron los de Benedetti), de fácil lectura, de generalidades, casi frívolos..., y que a sí mismo responden a otra ansiedad: la de quedarme sin lecturas este verano de ansiada alta mar. (El plan B es comprarme, sí, comprarme La cocina y los alimentos de Harold McGee, que seguro me entretiene varias semanas)
En momentos como estos, y ahora, previo a la partida hacia las oficinas gubernamentales y posteriormente la marina de Palma, es de justicia reconocer la paciencia de la rubia, y la oportuna aparición de uno que me prestó un bañador y colaboró en el acabamiento de un buen vino mallorquín, de éste, como de otros compañeros de escuela hablaré pronto en sentido homenaje a tiempos pasados y holgados.
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