Profesores del Postgrado. Gabriel Perelló.

Tuve ocasión de presentarle con cierta rotundidad en este blog hace ya algunos meses. Pero una anécdota tan puntual no le define, ni mucho menos...o quizás sí, quien sabe.
Así, de semblante serio como en la imagen, autoriza el pase de unos entrantes a la mesa, mismamente 8. Agarra el bolígrafo con fuerza para encauzar su energía y centrarse, plácidamente, en el servicio correcto son su adecuada dosis de benevolencia. Es joven, pero ducho en batallas, holocaustos y bacanales, que palpitan en su interior respondiendo a su naturaleza de guerrero, sabe que ahora toca adoctrinar a jovenzuelos ingenuos con técnicas diplomáticas impropias de Sun Tzu, que a estas generaciones flácidas les espera la criba del oficio, y que él corresponde como de un profesor se espera. Entonces..., con la mirada perdida momentaneamente, se adivinan sus pensamientos nostágicos de fustas y mazos, alacranes, sangre cuajada; ollas requemadas, escamas perfectas de sal Maldon o guisantes pelados y otras torturas milenarias que iniciaron su fulgurante, exitosa y precoz carrera.



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