Paco era fino para el comer pero también para el guisar, en algún día ocioso le cedí la cocina y él se deleitó -sin prisa, porque ya lo decía su abuela: para cocinar no hay que tener prisa- se deleitó, decía, en elaborar algún arroz de escándalo que comimos con ganas. Y no solo eso, porque el murciano, que en más de una ocasión me hablaba de sus recuerdos gastronómicos, quiso plasmar sus experiencias en el plato, cual artista, y cual guisador, que en una tarde de septiembre, después de unas cervezas, vino a emular una receta que había visto hacer en un local popular del mercado de la Boquería y que más de una vez había prometido: Chipirones con huevos fritos.
Y a quien esto le parezca una chorrada es que no sabe nada de nada.
Miradlos felices en la imagen.

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