La imagen que ilustra esta entrada, fue tomada con el móbil a horas muy tempranas mientras esperaba el autobús de Lerici, que me conduciría a la estación de la Spezia donde un tren me acercaría al aeropuerto de Pisa, hermosa ciudad donde tres días más tarde pernoctaría refugiado en una esquinica de un soportal próximo a la estación donde otro tren que me trajo de vuelta a La Spezia tras un maravilloso fin de semana en casa.
Pero si esa mañana tomé esta foto, fue por motivos mayores que el simple aburrimiento, y es que días antes, ahí mismo, en la Trattoria Pizzeria Vesuvio, comí pasta: "ravioli con salsa ragú", y días más antes aún, me llevé un par de pizzas para cenar.
Y recordé esa mañana, excitado por el regreso a casa, que aquí un napolitano grande acostado sobre la caja registradora coordinaba a dos mozas hermosas y bien lozanas que daban el servicio, la una castaña y la otra morena de carnes trémulas y voluptuosidad pura, que qué cosa, por dios, que sólo intentaba explicarle que quería anchoas..., y digo que habiendo pasado justo una semana, sin haber vuelto más a la Trattoria Pizzería Vesuvio, hoy decidí rescatar la imagen y escribir sobre la misma, al no encontrar, sorprendentemente, este establecimiento en la lista de los The best world´s 50 best restaurants, que bien lo merece. Y estando, como lo estoy, falto de tiempo, prometo, que cuando lo tenga, miraré la lista de los 50-100, que quizás salga por ahí, antes o después de Michel Bras,...